
La acreditada Casa Martín
Fragmento de la novela La muerte del Ruiseñor (México, 2017) Crecí escuchando a mi padre hablar con orgullo del pasado glorioso de la Casa Martín. Cada vez que pasábamos en su automóvil frente a la vieja casona ubicada en el número 466 de la calle 62, papá bajaba la velocidad del Chevelle dorado, apuntaba con el índice los enormes ventanales de la casona y decía: allí vivió mi abuelo Rudesindo, el primero en traer los fonógrafos a Mérida, el primero en distribuir los discos Columbia en la península. Enseguida se ponía a cantar un estribillo (del cual nunca había entendido a ciencia cierta la letra) que finalizaba con la frase “la acreditada Casa Martín”. Su rostro, en esos momentos, adquiría








