
‘Nunca más su nombre’, Joel Flores, Ediciones Era, México, 2017
No es fácil escribir una novela de tintes autobiográficos sin caer en el razonamiento maniqueo de que “sólo por haber hecho el esfuerzo de narrarla, nuestra vida debe de interesar a cualquiera”. La autobiografía pura, dicen los que saben, no existe. Es apenas una versión disimulada de la historia original de vida y suele ser válida para aquellos que han padecido algo en verdad trascendente, digno de ser contado desde su óptica personal. Pero, ¿qué sucede cuándo nuestra historia tiene su origen en algo menos escabroso? ¿En algo más cotidiano (pero no por ello menos áspero, hay que decirlo), como la relación entre padres e hijos? En este caso, irónicamente, la tarea para el escritor se vuelve más complicada. Se requiere de un verdadero oficio








