
El hombre que amaba a los perros
Era todavía un niño cuando oí hablar por primera vez del asesinato de León Trostki. “Le destrozaron el cráneo con un piolet”, había dicho mi tío Jorge en una de esas sobremesas navideñas en que el amanecer suele sorprender a los comensales en charlas interminables. Y aunque en ese momento no tenía la menor idea de quién era Trostki – y mucho menos de lo que era un piolet -, la frase se me quedó grabada en el cerebro durante algún tiempo. Más tarde supe que Trostki había sido, junto con Lenin, uno de los de los organizadores clave de la Revolución de Octubre que derrocó a los zares en 1917, que un piolet era una pieza de metal








