Cuento

Cuento

PISO 17

Para Patricia Garma Montes de Oca   Con el primer, sorbo el capuchino que acaban de servirte se amarga en tu boca. Ricardo no te había ahorrado ningún dolor: —Acabo de verla salir del motel Venecia, iba con su jefe, en el Audi del tipo. Con el pinche sarcasmo de siempre al que llama sinceridad, dio la estocada final a tu relación. Puta madre. Ahora entiendes los pretextos de Irene, sus malos humores, las frecuentes llamadas telefónicas con la madre a altas horas de la noche, los llantos irracionales, sus largos silencios, la causa de tanto rechazo. ¿Cómo fuiste tan pendejo? Ya era extraño que en esa compañía publicitaria, en la que sólo la emplearon por ti, se interesaran tan

Leer más »
Cuento

Día de feria

Cuando sales del cine, el sol te pega de lleno en los ojos saturados de tres horas de matiné.  Después de todo, valió la pena, piensas mientras palpas en los bolsillos de tus pantalones cortos lo que resta del dinero que tomaste de la cartera de tu papá.  La tarde de domingo es tuya: habrás de gozarla plena. Con sólo cruzar la calle te encuentras inmerso en la feria; ríes e imaginas la cara que pondría tu mamá al verte comprar ese enorme algodón de azúcar  antes del almuerzo.  Se te antoja subirte a la rueda de la fortuna, pero no te atreves porque no sabes con  quién podría tocarte.  En la  fila, una  pareja en pantalones de mezclilla, tres

Leer más »
Cuento

El murmullo del frío

Aquí está otra vez el frío. Viene de mi interior, lo sé. Desde ese día no he vuelto a ser la misma, aun cuando en esta ciudad la temperatura sobrepase los cuarenta grados, esta hiriente sensación no me abandona, me recorre el cuerpo, se adentra en mi torrente sanguíneo y, aunque han pasado dos años, me obliga a recordar a diario los hechos, a rememorar  la mañana, la mala hora en que te dejé en aquella trampa.       Nada más escuchar el timbre del reloj despertador y despegar los párpados, lo primero que hago es mirar tu rostro; alzo la mirada y busco tus ojos en el retrato colgado en la pared. ¡Qué me importa que lo desanconseje el psicólogo!

Leer más »
Cuento

Memorial de la danza del vientre o breve repaso de lo bailado

Dice Norman Mailer que los tipos duros no bailan. Quizá no he de serlo tanto, porque desde que tengo uso de razón, recuerdo haber tenido debilidad por mover el cuerpo al compás de la música. Cuenta mi madre que de recién nacido, nada más escuchar los chachachás de Jorrín amplificados en la consola Admiral de la casa, movía mis piecitos como si tuviera cosquillas. Lo mismo, oí decir, me sucedía con las cumbias  que, en tanto mis progenitores laboraban, sintonizaba la niñera en su radio portátil traído desde Chetumal. Ya en el jardín de niños, las profesoras del colegio Americano acostumbraban elegirme como el personaje principal de las verbenas, por algo que ellas llamaban “mi facilidad y gracia natural” para

Leer más »
Cuento

Cabeza de tortuga

Desde aquí alcanzo a escuchar a las palomas que revolotean en su patio. Como cada domingo aguardo su señal. Tuve que correr hacia la puerta y salir de inmediato, abandonando sobre el piano, los merengues que, el capricho de Obdulia embarazada, me hizo comprar. Y aún trasminado por el tufo a orines y mierda, mientras subía al auto, retrocedí hasta el momento en que crucé frente a esa casa y lo descubrí en calzoncillos y camiseta sin mangas —flaco, pequeño, calvo, pálido—,  haciéndome señas desde su diminuto jardín de caricatura, en el que a duras penas sobrevivían un rosal sin hojas y un trío de raquíticos helechos en macetones de barro. Suelo dejarme llevar por lo imprevisto. La situación, además,

Leer más »
Cuento

Se renta

para Lucía Deblock   —Quiere firmar el martes. La gringa se enamoró de la casa pero exige un clóset vestidor en la recámara. Llamé a una arquitecta… amiga mía… en una hora irá a verte. Afuera, una mañana luminosa contrasta con el humedal de la casa semivacía. Es sábado, tiene la boca seca, plomo en los párpados y en la cabeza que se consume sobre los hombros. Anoche, como todo el mes, estuvo bebiendo hasta la madrugada. Después de colgar, abandona la aridez de la king size y se dirige al baño. Cierra los ojos y permanece quieto, como sostenido por los hilos finos del agua fría que cae a presión sobre su piel. Se enjabona mecánicamente mientras mira, fijo,

Leer más »
Cuento

La llamada del abismo

Para José Baqueiro, quien me contó esta historia Nel mezo del cammin di nostra vita mi ritrovai per una selva oscura chè la diritta via era amarrita Dante Sólo había transcurrido un mes desde que lo contrataron cuando recibió la noticia: – La cosa anda mal, no puedo darme el lujo de pagar un administrador. Mañana es tu último día. Espero que entiendas. ¿Entender qué?, pensó, mientras observaba las orejas llenas de pelos de  su interlocutor, ese cerdo libanés que se aparecía en su cantina únicamente los domingos por la noche para ver cómo iba el negocio. Tamborileó con los dedos la superficie lisa de la barra de madera y estuvo a punto de hundirle al tipo en la frente

Leer más »
Cuento

La elección de Lucía

Ahora que los Legionarios de Cristo han pronunciado un mea culpa público por causa de la triple vida de su siniestro líder y fundador, me gustaría toparme con mi escuálida amiga Lucía Gómez, quien los defendía con tanta vehemencia. Fuimos juntos a la secundaria del colegio Americano, escuela privada famosa por su alto nivel de exigencia, pero menos excluyente en cuanto a la condición social de sus alumnos. Esto último disgustaba mucho a Lucía, quien soñaba con cambiarse a una institución de monjas pretenciosas que, en aquel tiempo, se daba el lujo de seleccionar escrupulosamente a sus alumnas. Mi amiga, por supuesto, había sido rechazada. Bajo el criterio de las seguidoras de Santa Teresa de Jesús, el apellido Gómez carecía

Leer más »
Cuento

Salón Bach

Guty Cárdenas, in memoriam ¿En qué momento el cantaor y los Peláez se agregaron a la fiesta del yucateco?  Roberto Miranda no lo sabe con exactitud. De lo que sí está  seguro es que habían bebido demasiado cuando, al entrar a servir la botella de Martell, los descubrió formando parte de una extraña escena en aquel reservado donde la bohemia solía prolongarse hasta la madrugada: dos hombres, recogidas las mangas, se enfrentaban a las vencidas; esos que ahora comparten el suelo rojo del Salón Bach, en Madero 32. Miranda se agacha, levanta y sostiene la cabeza del herido y, con la mano libre, trata de aflojarle la corbata. Durante el alboroto alcanza  a ver cómo  Rosita, Arturo Larios y el

Leer más »
Cuento

Los fines de semana

De esa noche recuerdo, sobre todo, la sonrisa del arlequín. Cada cierto tiempo doña Evelyn renovaba el decorado de la casa de campo y en esa ocasión, por tratarse de la época de carnaval, decidió que al cuarto de visitas le vendría bien aquella figura de cerámica cuyas pupilas resplandecían en la oscuridad. Me gustaba pasar los fines de semana con Emilio porque su madre, aparte de permitirnos beber durante todo el día mientras nadábamos en la alberca, acostumbraba tomar baños de sol portando bikinis de colores fosforescentes que hicieran juego con su piel bronceada y sus collares de madera. Nos sentábamos en las tumbonas de teka, a la sombra de los cocoteros enanos, para platicar de cine mientras la

Leer más »