
VENENO DE ARAÑA
Mi abuelo paterno, don Pepe Martín, que gran parte de su vida trabajó en la destilería de la Casa Luis Achurra, nunca leyó a Ernest Hemingway. Esta minucia no le impidió compartir con el escritor su desmedida afición por el ron, llegando a beber, al igual que el estadunidense, más de dos litros de “mata diablo” en una tarde. Sin importarle la amenazante sombra de la diabetes, solía llevar en el bolsillo derecho de su flus, una chatita de un ron habanero –que aún producen los sucesores de los Achurra en Yucatán –, bautizado con el extravagante nombre de Pizá Araña. Recuerdo que mientras conversaba con nosotros se llevaba de cuando en cuando la botella a la boca y se






