
‘Las voces del despeñadero’: un poema en blanco y negro | Por Carlos Martín Briceño
Siempre anhelé visitar Acapulco. Quizás por la fama que tenía el puerto de haber sido alguna vez el destino turístico favorito de las celebridades de Hollywood. O tal vez por los comerciales televisivos de los años ochenta que retrataban una bahía de ensueño con hoteles de gran lujo. Pero no fue sino hasta el año 2001 cuando, invitado a una convención, pude cumplir ese anhelo. El siglo había cambiado y el puerto también. Corrían rumores de inseguridad y el personal del Acapulco Princess, hotel donde me hospedé, recomendaba no alejarse de la zona Diamante. Una tarde, sin embargo, me las arreglé para eludir una aburrida cena y logré disfrutar del famoso espectáculo de los clavadistas en La Quebrada. Los vi







