
La elección de Lucía
Ahora que los Legionarios de Cristo han pronunciado un mea culpa público por causa de la triple vida de su siniestro líder y fundador, me gustaría toparme con mi escuálida amiga Lucía Gómez, quien los defendía con tanta vehemencia. Fuimos juntos a la secundaria del colegio Americano, escuela privada famosa por su alto nivel de exigencia, pero menos excluyente en cuanto a la condición social de sus alumnos. Esto último disgustaba mucho a Lucía, quien soñaba con cambiarse a una institución de monjas pretenciosas que, en aquel tiempo, se daba el lujo de seleccionar escrupulosamente a sus alumnas. Mi amiga, por supuesto, había sido rechazada. Bajo el criterio de las seguidoras de Santa Teresa de Jesús, el apellido Gómez carecía








