
La llamada del abismo
Para José Baqueiro, quien me contó esta historia Nel mezo del cammin di nostra vita mi ritrovai per una selva oscura chè la diritta via era amarrita Dante Sólo había transcurrido un mes desde que lo contrataron cuando recibió la noticia: – La cosa anda mal, no puedo darme el lujo de pagar un administrador. Mañana es tu último día. Espero que entiendas. ¿Entender qué?, pensó, mientras observaba las orejas llenas de pelos de su interlocutor, ese cerdo libanés que se aparecía en su cantina únicamente los domingos por la noche para ver cómo iba el negocio. Tamborileó con los dedos la superficie lisa de la barra de madera y estuvo a punto de hundirle al tipo en la frente








