
Corazonada*
2 de octubre de 1927 —Vamos a ver, Augusto, ¿adónde crees que vas a ir en ese estado? ¿Ya viste cómo está el tiempo? ¡Tan siquiera espera que amaine! Desde el vano de la puerta de la habitación, los brazos en jarras, doña María trataba de convencer a su hijo de no salir de casa. Guty, que había comenzado a vestirse y a preparar su maleta, la miró entre azorado y divertido. Le costaba trabajo entender que a estas alturas, a sus casi veintidós años, cuando comenzaba a cosechar en la capital sus primeros éxitos como artista, ella lo siguiera tratando como a un niño. Cierto, tenía una gripa del carajo, una infección que hasta hace unas cuantas horas lo








