
Todo irá bien | Un cuento de Carlos Martín Briceño
—Ya no quiero que le hagan nada. Contundente, el viejo interrumpió el alegato del médico. El sonido discontinuo de la máquina de oxígeno que ayudaba a respirar a la enferma pareció bajar de intensidad en aquella pulcra habitación. El galeno miró a su interlocutor con incredulidad. Entendía que estuviera indeciso, pero no estaba dispuesto a aceptar tan fácilmente una negativa. Era cosa de tener paciencia, de insistir con mucho tacto. Miró al viejo directo a los ojos y tomó otra vez la palabra: —Piénselo bien, don Ernesto. Si no autoriza esta nueva operación, no le garantizo que su mujer sobreviva. Permítame hacer mi trabajo. ¡Permítame hacer mi trabajo!, repitió el viejo en su cabeza. ¡Como si en este hospital no







