
“Lipoescultura”, un cuento de Carlos Martín Briceño
Nunca estuviste de acuerdo. Solo pensar en las posibles consecuencias te acometía una súbita sensación de ahogo que te impedía rebatir sus argumentos. Y en este momento, cuando la ves debatirse entre la vida y la muerte, te das cuenta de que, tal como solía decir tu madre, el mundo tiene su propio equilibrio que provoca que las cosas caigan por su propio peso. Transcurrían los primeros días de marzo cuando tu mujer fue a consultar a un cirujano plástico. ¿El porqué? La grasa rebelde que, a pesar de las extenuantes sesiones de pilates, los carísimos masajes reductivos y las inyecciones de carnitina, no cedía. Cuando regresó de la cita y te platicó emocionada lo que el médico le había






