
Brindis por un amigo: la generosidad de Eusebio Ruvalcaba
Todavía en agosto del año pasado, durante un viaje que hice a la ciudad de México, me encontré con Eusebio Ruvalcaba en Tlalpan. Desayunamos huevos rancheros y café “con piquete” en el Rayuela, un restaurante ubicado en los portales del barrio. Al terminar nos dirigirnos al café Katsina, un sitio mucho más pequeño, donde él, desde hacía varios años, daba un taller literario sabatino. Antes de comenzar la sesión, Eusebio sacó de una de las bolsas de su chamarra una anforita con mezcal y convidó a los asistentes, quienes bebimos como si se tratara de un rito inicial que augurase buenas letras… “Me gusta, pero falta una frase, una intención dejada por el narrador como al desgaire para entender el leit








