
Qué nos ha dado Pedro Infante: Un primer encuentro con el Ídolo de Guamúchil | Por Carlos Martín Briceño
Para Bekina Fernández En casa de mi tía abuela María Martín Cuevas, en un esquinero de cedro colocado estratégicamente en la sala, allí donde el tragaluz dejaba pasar una tenue luminosidad, resaltaba una elegante fotografía de estudio de un hombre apuesto y una mujer hermosa que, abrazados, veían con fijeza a la cámara. Sus grandes ojos negros, las melenas oscuras y sus dientes perfectos, llamaban siempre mi atención. Cada vez que podía, tomaba entre mis manos aquel portarretratos para ver de cerca aquella pareja y, de paso, leer la dedicatoria que sobresalía por encima de la imagen: Para María y Simón, de sus grandes amigos Pedro e Irma.








