Cuento

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Saldos

Lo valía, claro que lo valía. Bastaba ver el departamento, abandonado, con la  computadora siempre encendida. Cuatro meses habían transcurrido desde la tarde del rompimiento y, salvo por algún telefonema para acordar trámites legales, no volvieron a encontrarse. Tenía que recuperarla. Tomó valor y con el pretexto de aclarar detalles pendientes de la separación, la invitó a almorzar al restaurante italiano que tanto les gustaba. No había regresado a ese lugar después de la ruptura, pues le provocaba ansiedad pensar que el dueño, un viejo veneciano que solía sentarse a platicar con sus clientes habituales, pudiera cuestionar los motivos del divorcio. Encendió un cigarro, dio una honda chupada que le llenó los pulmones con el sabor familiar de los Benson

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