
Abismos
Nadie podrá decirle que no estuvo al pendiente de la salud de su madre. Ahora mismo prepara los ingredientes para la papilla del almuerzo: carne limpia de puerco sazonada con hojas de orégano, verduras cocidas al vapor, un diente de ajo, pimienta y aceite de oliva; bien licuado, como le ordenó el geriatra. “No vaya a ser, Julia, que a la hora de la comida se le atore a su mamacita el bocado en la garganta y le venga uno de esos terribles ataques de tos que pueden causar la muerte”. A su lado, el teléfono con forma de labios permanece en silencio. Lo mira de reojo. ¿Hace cuánto tiempo que no sentía en el estómago el hormigueo de la





