
Los fines de semana
De esa noche recuerdo, sobre todo, la sonrisa del arlequín. Cada cierto tiempo doña Evelyn renovaba el decorado de la casa de campo y en esa ocasión, por tratarse de la época de carnaval, decidió que al cuarto de visitas le vendría bien aquella figura de cerámica cuyas pupilas resplandecían en la oscuridad. Me gustaba pasar los fines de semana con Emilio porque su madre, aparte de permitirnos beber durante todo el día mientras nadábamos en la alberca, acostumbraba tomar baños de sol portando bikinis de colores fosforescentes que hicieran juego con su piel bronceada y sus collares de madera. Nos sentábamos en las tumbonas de teka, a la sombra de los cocoteros enanos, para platicar de cine mientras la






