
Panuchos, pizzas y pizzanuchos | Por Carlos Martín Briceño
Fraccionamiento Jardines Miraflores 1974 A los ocho años, nadie está consciente de la importancia socioantropológica de lo que se come. Se disfrutan los platillos con naturalidad. En mi caso, los paseos nocturnos de la familia solían terminar en el mercado de Santiago con unos buenos panuchos y un copioso caldo de pavo de “La Reina Itzalana”, O bien en la “Lechería San Juan” con los sabrosos vaporcitos de espelón y el consabido vaso de chocomilk.


