Crónica literaria

Crónica literaria

Panuchos, pizzas y pizzanuchos | Por Carlos Martín Briceño

Fraccionamiento Jardines Miraflores 1974 A los ocho años, nadie está consciente de la importancia socioantropológica de lo que se come. Se disfrutan los platillos con naturalidad. En mi caso, los paseos nocturnos de la familia solían terminar en el mercado de Santiago con unos buenos panuchos y un copioso caldo de pavo de “La Reina Itzalana”, O bien en la “Lechería San Juan” con los sabrosos vaporcitos de espelón y el consabido vaso de chocomilk.

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Me está llamando Cancún: tres avistamientos al Caribe | Carlos Martín Briceño

De todos los paraísos el mío es mejor aún Porque Dios me dio permiso de llamarlo Cancún Me está llamando Cancún, ya me voy para Cancún Canción popular de Luis Castillo Herrera (fragmento) Abril, 1975 Apenas sonó el despertador, mamá sacudió las hamacas y ordenó que subiéramos de inmediato al Chevelle. —Despabílense— dijo—. Para el desayuno llevo sándwiches de paté y plátanos. Eran las cinco de la mañana, aún estaban encendidas las luces de la calle y ni siquiera los pájaros que habitaban la lluvia de oro de la escarpa habían iniciado sus cantos madrugadores. Pero papá, que había calentado ya lo suficiente el motor del auto, nos esperaba ansioso, punta en blanco con su playera Manchester de siempre y

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Días de cine en la Mérida de antaño | Por Carlos Martín Briceño

Porque el cine no es sólo una industria De evasión Es ante todo El único lugar Donde la memoria es esclava Jean-Luc Godard   1.-Tres de Tarzán En mi niñez, mis padres nos permitían ir los domingos al cinema San Juan acompañados de Chela, la señora que trabajaba en nuestra casa. Íbamos mi hermano Enrique y yo felices, provistos con media docena de sándwiches de jamón y queso y un termo Coleman lleno hasta los bordes de limonada. Bien sabíamos que una vez que traspasáramos las gruesas cortinas de fieltro de la sala principal, no saldríamos de allí sino hasta las tres de la tarde, con los ojos saturados de seis horas de matiné.

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La fiesta, a tres años de distancia

Para Rafael Ramírez Heredia, i.m. Y confundiéndome entre tus trovadores en mi canto decirte, Ciudad Blanca eres tú. Pepe Guízar Lo sé de cierto, porque lo viví, que esa larguísima tarde luminosa de febrero, en medio de la resolana de aquellas horas, bajó  el Faraón. –Qué sean limpias, pero no tan pulcras como para que nos detengan las ansias –había dicho el maestro, cuando habló desde la capital para involucrarme en su plan, porque en su próxima visita a Mérida dijo le gustaría explorar un vía crucis gozoso que incluyera las cantinas más tradicionales de la ciudad. Colgué el teléfono enlistando ya en mi cerebro los lugares que visitaríamos para tan significativo rito. Serían los primeros tragos que Rafael Ramírez

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