
Cuchara y memoria, una lectura deliciosa | Por Carlos Martín Briceño
Tendría unos dieciséis años cuando en una muestra de cine logré colarme a ver La gran comilona, aquel filme francés que durante su estreno en 1973 había causado mucha polémica. Sabía de lo que trataba por las reseñas de los periódicos, pero nunca pensé que la historia de estos cuatro hombres que se juntaban a filosofar y a devorar manjares hasta la muerte, pudiera impactarme tanto. Salí de la sala con algunas escenas fijas en la cabeza, aquellas donde el placer del buen comer se combinaba con el del sexo. En Francia, al orgasmo suele llamársele la petite mort. Y era eso exactamente lo que aquel cuarteto buscaba: una pequeña, pero placentera y contundente muerte.








