El reino de la desesperanza

La narrativa contenida en El reino de la desesperanza, de Carlos Martín Briceño, atraviesa tres territorios disímiles de la existencia: la pubescencia, un tramo de tanteos, ambigüedades, arrebatos y desolaciones por donde deambulan conciencias exacerbadas por los sentidos abiertos al mundo y precoces persecutores de dichas; la madurez, un lapso que arrastra a las parejas clasemedieras a detestarse bajo las pulsiones del deseo, hombres y mujeres con prejuicios de toda índole e intenciones sinuosas y envolturas que planean sobre sus aparentes vidas correctas; por último, la vejez, la enfermedad devastadora de los cuerpos de personajes autoconscientes de sus fragilidades y ocasos, o bien testigos de los derrumbamientos de los otros. El sureste mexicano es el entorno donde transcurre la mayoría de estos dieciséis relatos en los que se entreteje un juego de temporalidades que fractura la biografía de los protagonistas: el presente que se desliza hacia el pasado y viceversa. En algunas de las ficciones, los sujetos mismos engranan reminiscencias, escuchan sus más íntimas voces, exploran sus resquicios interiores; en otras, los narradores se entrometen en los deseos, exhiben desengaños, contradicciones y develan las angustias de los seres. Fiel a su estilo sobrio y mordaz, sin edulcorados artificios, Martín Briceño traza de nuevo tortuosas historias, bosqueja atmósferas y desenlaces enrarecidos, moldea héroes y heroínas que se despeñan en sus miserias morales y poseen una única certeza: el cautiverio en el reino de la desesperanza.

Carlos Vadillo Buenfil

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