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Los secretos vivos | Por Jorge Cortés Ancona

Creo que, a pesar de lo elogioso, no le gustaría a Carlos Martín Briceño un comentario acerca de su libro Los secretos vivos con enfoque didáctico, aunque prefiero escribirlo así, sin dejar de manifestar que no está exento de alguna intención polémica. No juego billar, pero equivale a una carambola de cuatro bandas. Los fines son constructivos.

1.- Carlos Martín tiene conciencia de que está escribiendo cuentos, que se leen, aprecian y valoran como cuentos y no con miras a convertirse en películas, series televisivas, obras de teatro, novelas gráficas o cómics, géneros todos igual de valiosos y dignos de atención y estudio, pero diferentes a un relato escrito. Cuántas veces he escuchado eso de: “Es que yo escribí esa novela para que se lleve al cine”, “Quiero que mi cuento se vuelva novela gráfica”. La respuesta es que mejor redacten una escaleta, un libreto o un guion. O en todo caso, esperar a que un especialista en esas disciplinas se encargue de adaptar su texto.

Para mí que amo lo literario suponer que una adaptación es superior a un cuento o a una novela es una ofensa a la literatura. Más bien cualquier adaptación del género que sea debe verse como otro modo expresivo, con sus propios códigos, estructuras y convencionalismos.

Aunque lo han hecho, dada esa tendencia de tantos escritores de soñar con lo visual y lo audiovisual, sería bueno que las instituciones culturales fomenten talleres de guionismo y de narración visual para ir directo a lo que se pretende en última instancia. Por lo demás, es de notar que Carlos es aficionado al cine, al buen cine, pero está consciente de ser un autor literario.

2.- Estos cuentos están escritos con una prosa eficaz y muy cuidada. Un pulimento exacto (sólo encontré un error sintáctico, pero ello no afecta mi aseveración). La expresión está imbricada con las acciones, conformando el cuento en su integridad. Decir buena prosa no significa llenarse de florituras o acumular metáforas vacías, ajenas a la razón de ser de dicho tropo como modo de conocimiento. No es emplear palabras rebuscadas o retorcer la sintaxis. Es la expresión justa para hacer convincente lo que está contando. Se puede ser claro u oscuro, dinámico o muy pausado, comprensivo en extensión o en profundidad, pero sin nada superfluo.

3.- Uno de los conceptos básicos de la narratología es que el narrador de un relato es también una creación y que en el análisis debe diferenciarse del autor. Cada cuento tiene su propia voz o sus propias voces, es decir una creación de voces ajenas pertinentes para cada uno. Al leer no estamos escuchando la voz de Carlos, que sí puede oírse en sus ensayos, crónicas y artículos de opinión, sin que ello deba ser necesariamente así, aunque sea lo más común y comprensible.

No estoy erigiendo reglas, ya que pueden darse casos en que la voz del autor se manifieste como parecida a la del propio autor, aunque reformulada como creación. Justifico esto en algunos casos como los cuentos de autoficción, de humor y de propósito ideológico.

4.- Hernán Lara Zavala en su ensayo “Cómo escribo un cuento” (en Contra el ángel) pone de relieve que en el cuento es importante la caracterización de los personajes, aunque por lo regular se haya menospreciado ese aspecto: “A mi entender la creación de los personajes debe ser sucinta, exacta y tan completa como la brevedad del cuento lo permita. Es importante seleccionar los rasgos precisos y significativos de los personajes”.

La idea general es que los caracteres son propios de la novela o del teatro, pero por supuesto que el cuento también lo permite, como ocurre en todos estos relatos.

5.- Es notorio en este conjunto que el autor se ha centrado en la materia narrativa, sin desviarse del propósito final ni procurar trucos ni espejismos para el lector. Hay información contextual explícita, pero con predominio de la implícita, concentrada en el mero hecho relatado, sea de índole psicológica, erótica o con matiz social. Nada de saturaciones de datos ni aditamentos distractores. Esto es notorio, por ejemplo, en sendos cuentos ambientados en Cuba o República Dominicana: con unos cuantos trazos se hace evidente cada contexto.

6.- Se hace mención en el último de los cuentos de la rima interna, el uso de gerundios y otros prejuicios que vengo escuchando desde hace 40 años y ya me tienen harto. No sé si Carlos Martín también cree que son defectos por sí mismos y que hay que evitarlos a toda costa, pero es algo que ha dado lugar a perdederas de tiempo y a resultados absurdos. Llevo tiempo queriendo escribir sobre esas cuestiones estilísticas y en su momento me ocuparé de ello. Debe acabarse de una vez por todas con esas taras.

Asumo que por todo lo anteriormente dicho es obvio que celebro este libro más reciente de Carlos Martín Briceño.

 

Texto publicado originalmente en el portal Estamos Aquí MX el 6 de abril del 2026

Enlace: Los secretos vivos – EstamosAquí MX

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