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El olor de los libros | Por Hiram Ventura Borges

La modernidad tecnológica nos ha alcanzado en diferentes aristas de nuestra vida cotidiana, sobre todo en lo referente a la lectura. Medios como los periódicos, las revistas y los libros han evolucionado a una versión digital para poder llegar a más lectores, algunas veces excluyendo definitivamente la edición impresa. Esta forma de leer nos ha forzado a adoptar nuevos artefactos que van desde una computadora o una tablet, hasta un lector electrónico de libros, de los cuales existen varios en el mercado, siendo Kindle y Kobo los más comunes.

Estos aparatos son dispositivos diseñados específicamente para leer libros en formato digital, ya que su pantalla utiliza una “tinta electrónica” que emula el papel tradicional evitando el cansancio visual, ya que no tiene el brillo de una pantalla normal. Además, su batería es de larga duración, puede durar incluso varias semanas de uso continuo, y dependiendo de su capacidad de almacenamiento permite llevar cientos de libros en un solo dispositivo.

En mi caso, a pesar de que tengo el acceso a libros a través de uno de estos artefactos, sigo prefiriendo los libros físicos. Mirar el diseño de la portada y contraportada, pasar las hojas, ponerle su separador y, sobre todo, su olor; ese aroma a papel y tinta, al cual muchos nos hemos vuelto adictos, no tiene paragón y es de lo que más se valora de un libro, incluso a veces más allá del texto que contiene.

Pero no me había topado, hasta ahora, con un libro que oliera a recuerdos, a infancia, a Yucatán, a comida; hasta que llegó a mis manos “Cocina yucateca. Crónicas de infancia y recetas de mi madre”, del autor yucateco Carlos Martín Briceño (2024). El reconocido y multipremiado escritor tiene en su haber varios títulos de cuentos, una novela y este libro de crónicas que incluye un recetario familiar de la cocina que todo yucateco sabrá reconocer.

La obra está compuesta de narraciones que el autor divide, según la comida a rememorar, en Antojitos, Del mar, Del diario, Para celebrar, y Postres. Papadzules, bacalao, frijol con puerco, mucbilpollos y dulce de papaya, son sólo algunos guisos y postres que sirven de pretexto para armar los episodios que nos presenta y nos antoja. A través de sus letras, este anecdotario nos traslada, desde una mirada personal, a las tradiciones y herencias gastronómicas que como yucatecos compartimos.

Martín Briceño, con su entrenada pluma, nos desliza con sus recuerdos a los sabores y olores que se imprimen en nuestra memoria y tienen la capacidad de transportarnos a escenarios que muchas veces guardamos celosamente con mucho afecto. Sin embargo, cabe mencionar que más que el autor, la comida o sus propios recuerdos, la verdadera protagonista es su madre. Sin ella, estoy seguro que este libro no existiría y es a quien le debemos agradecer no solo esos recuerdos que Carlos nos comparte, sino también las recetas que ahí se encuentran.

Este libro logra, con sus palabras, crear esas imágenes olfativas que muchos tenemos tatuadas en nuestro ser. Si se lo topan no pierdan la oportunidad de adquirirlo, el autor no sólo nos regala su texto sino que también lo acompaña de las recetas de su madre,de comidas que merecen perdurar en la mesa de cada casa yucateca. Porque como él mismo dice “la comida y la bebida son dos de los placeres que valoramos más conforme se acerca el final de nuestra existencia”.

 

Texto publicado en la columna El olor de los libros del periódico Novedades de Yucatán el 26 de junio del 2026

Enlace: https://sipse.com/novedades-yucatan/columnista-hiram-ventura-borges-primer-sorbo-511224.html

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