Carlos-Martin-Briceno

Por los secretos que vivimos | Agustín Monsreal

A manera de punto de partida y parafraseando a Henry Miller, me atrevo a suscribir y ampliar el argumento de que el deseo es una de las nueve razones para reencarnar, las ocho restantes carecen de valor e importancia. Dicho esto, resumo mis impresiones de la lectura de Los secretos vivos (Lectorum 2025), obra hechura y responsabilidad del escritor yucateco Carlos Martín Briceño, en el elemento clave que se desprende, según mi parecer, del conjunto de los cuentos que la componen: el deseo.

El deseo es el hilo conductor, el deseo de ser, de encontrarse cada personaje a sí mismo, de realizarse, de obtener reconocimiento, de poseer a una persona en nombre del amor, el deseo siempre oculto en el pensamiento y la acción de los grandes y pequeños episodios del acontecer cotidiano, el deseo en busca de la plenitud, el deseo enquistado en el corazón, buscado, rechazado, inventado y vuelto a inventar a lo largo de los días, de los años, de la vida entera, el deseo y sus innúmeras posibilidades, el deseo que se sublima, se bifurca, se trasciende, se hibrida, se crea, se destruye, así el que no se atreve a decir su nombre, como el que teme identificarse con su propia verdad y adquiere, en los doce cuentos de Martín Briceñoformas que van de lo lúdico y humorístico a lo trágico y perverso en la irreverencia de sus manifestaciones, sus revelaciones tendientes ora a encubrir, ora a soslayar, ora a sacar a la superficie el engaño en que se vive por mantener secuestrado al deseo, ese deseo origen de frustraciones y ocasionalmente de una que otra liberación, el deseo al pie de la puerta, de la cama, de la realidad concreta, del ensueño cómplice, del mito que solemos nombrar felicidad, a veces como deseantes, a veces como el objeto deseado, como aspiración y meta y complemento de lo que nos falta, como castigo y lágrima sin esperanza por habernos descubierto en falta, la falta que me haces es mi falta mayor, el deseo que muestra la carencia y el que se desgarra el alma en culpa, vergüenza, remordimiento, el deseo que busca en el otro la absolución, la redención amorosa que nunca alcanza la tierra prometida, será porque, quizá, si el deseo se cumple nos quedamos braceando en el vacío, en la oquedad, en la nada, y por eso, por nuestro más íntimo bien, es que, conscientes o inconscientes, ingenuos o astutos, los hombres y mujeres de este planeta de los nimios, y en el caso de Los secretos vivos, los hombres y mujeres que habitan sus cuentos, sus pasiones, sus conflictos, se acogen a la tarea de encontrar en sí la materia prima que les permita mantener la esencia y presencia del deseo, punto central de apoyo, palanca que mueve al mundo, técnica al servicio universal del conocimiento propio y de nuestros semejantes, el deseo, siempre el deseo a modo de desafío insobornable de la vida, tuya, mía, de cualquiera.

Así, Los secretos vivos cataloga y despliega, en la dignidad de sus páginas, complejas y exactas arquitecturas narrativas que producen el impacto definitivo de un cuentista que conoce a fondo el arte cifrado de componer historias a partir de los escondrijos de su propia vivencia y, más allá de un simple testimonio particular, transmutarlas en piezas de certera literatura. Distribuidos en tres secciones (Lo que se ve no se juzgaHasta que la muerte nos separe y Lo que no se cuenta no existe), cada cuento representa una fracción palpitante de un tema reproductor fundamental de la naturaleza humana: el deseolas aventuras y necesidades, las pulsiones secretas de jóvenes y adultos que transcurren las fortunas diversas de sus deseos, los atisbos a que se atreven, en cuentos veraces, precisos y decididamente próximos a nuestra propia experiencia. Cuentos que acompañan por igual el fragmento chusco y el destino dramático de una decisión que modifica el quehacer sustantivo de una vida. La desilusión, el desencanto, la decepción por causa de un propósito que llegamos a considerar grandioso. Martín Briceño plasma y condensa las aspiraciones del amor que engrandece y al mismo tiempo convierte al objeto de su deseo en ídolo de barro, práctica en la que es imposible, como lector, no reconocerse.

Carlos Martín Briceño realiza una narrativa ejemplar que lo ingresa a la nómina de lo más notable de la cuentística mexicana de ayer y de estos tiempos encomiables que está viviendo nuestro país.

 

Texto publicado el 21 de abril del 2026 en el portal Neotraba

Enlace:  https://neotraba.com/por-los-secretos-que-vivimos/

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