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Cocodrilos, una ficción sazonada con realidad | Por Carlos Martín Briceño

En agosto de 2016, en una zona conocida como Colinas de Santa Fe, muy cerca de la entrada principal del Puerto de Veracruz, se descubrió uno de los cementerios clandestinos más grandes de México. Gracias a una denuncia anónima, los familiares destaparon 156 fosas y sacaron de la tierra 305 cráneos y más de veinte mil restos óseos. ¿Los responsables de este horror? El exgobernador Javier Duarte Ochoa y su exsecretario de Seguridad Pública, Arturo Bermúdez Zurita, implicados directamente en el contexto general de corrupción y desapariciones forzadas durante su sexenio (2010-2016).

 Este hecho, que hasta la fecha sigue conmocionando a los veracruzanos, constituye el tema central de Cocodrilos (BUAP), la novela más reciente de la jalapeña Magali Velasco y por la cual recibió el Premio Filiberto a la mejor novela negra publicada en México en 2025 y una mención de honor en el prestigioso  Premio Ventosa-Arrufat/Fundación Elena Poniatowska  2024.

 Narrada en tercera persona a través de los recuerdos del fotorreportero Santiago Becerril, la historia inicia en 2019 cuando Santiago, después de cubrir un evento religioso en las Colinas de Santa Fe, evoca el encuentro que tuvo cuatro años antes con su amiga y mentora, la periodista Amanda González ––alter de ego de la veracruzana Regina Martínez–– horas antes de que Amanda sea ultimada en su residencia.

 En la terraza del bar Regis, entre cervezas, menyules, sones jarochos y tortas de lomo ahumado, Amanda le pide ayuda a Santiago: está inmersa en una investigación sobre la corrupción del gobierno en turno, tiene el testimonio de un sobreviviente y los resultados apuntan hacia Rafael Morelet, Secretario de Seguridad, un hampón que desde su puesto controla una treintena de empresas en el estado y se encarga de silenciar a cualquier enemigo del gobierno.

 “Tienen cocodrilos mascotas en la Academia de Policía, Santi”, dice Amanda, nerviosa, sin dejar de beber. «La clave es Morelet, su Academia y dónde están dejando los cuerpos, dónde está toda esa gente. Si podríamos seguir el rastro…», insiste.

 Santiago palidece. No quiere involucrarse. Debe cuidar a su madre enferma, reconciliarse con la novia, conservar su puesto en el periódico. ¿Lo peor? Aún no se responde del terrible crimen de Julio Valdivia, su colega que apareció decapitado en el puerto por haber publicado notas con fotos de las narcomantas que justo Santiago había tomado.

 Y aunque en ese momento su respuesta es negativa, el artero asesinato de su maestra lo obligará a continuar la investigación a costa de arriesgar su propia vida.

Cocodrilos , que según su autora “nació de la necesidad de rescatar y resignificar testimonios y sucesos de Veracruz en un período determinado”, no es una historia complaciente; es un relato de denuncia, una novela dura que utiliza los mecanismos de la ficción para exponer las corruptelas, contubernios con el narco y desapariciones forzadas en Veracruz, entidad federativa que ostenta el nada honorable puesto del primer lugar en muertes y desapariciones de periodistas en México.

 Y para seducir al lector, Magaly Velasco esgrime en Cocodrilos las técnicas del relato policiaco, tan en boga entre los lectores de hoy: un crimen significativo, un investigador memorable y una historia que avanza a medida que surgen nuevas pistas. Concuerdo con Eduardo Antonio Parra cuando afirma en la contraportada que “gracias a la honda realidad de sus personajes ya su prosa rápida y precisa, Cocodrilos consigue mantenernos hipnotizados en sus páginas hasta el final de la lectura”.

«No se mata la verdad matando periodistas. ¿Por qué asesinaron a la periodista Amanda González Quiñones?» Esa es la frase que sobresale en el desplegado que publica al cabo Santiago Becerril en las páginas de la revista imaginaria Sumarios ––trasunto de Proceso ––, según se cuenta en los capítulos finales del libro. Y al leerla, uno no puede dejar de pensar en los asesinatos verdaderos de la periodista Regina Martínez en 2012 y del fotoperiodista Rubén Espinoza Becerril en 2015, ambos colaboradores de Proceso .

  ¿Qué tan delgada es la línea que divide la ficción de la realidad?

 ¿Es Cocodrilos una ficción sazonada con realidad o viceversa?

Como sea que fuera, Cocodrilos resulta al final un libro apasionante que transporta y persigue al lector. Una novela ambiciosa que se consolida a su autora como una de las mejores escritoras del género negro en México.

En agosto de 2016, en una zona conocida como Colinas de Santa Fe, muy cerca de la entrada principal del Puerto de Veracruz, se descubrió uno de los cementerios clandestinos más grandes de México. Gracias a una denuncia anónima, los familiares destaparon 156 fosas y sacaron de la tierra 305 cráneos y más de veinte mil restos óseos. ¿Los responsables de este horror? El exgobernador Javier Duarte Ochoa y su exsecretario de Seguridad Pública, Arturo Bermúdez Zurita, implicados directamente en el contexto general de corrupción y desapariciones forzadas durante su sexenio (2010-2016).

 Este hecho, que hasta la fecha sigue conmocionando a los veracruzanos, constituye el tema central de Cocodrilos (BUAP), la novela más reciente de la jalapeña Magali Velasco y por la cual recibió el Premio Filiberto a la mejor novela negra publicada en México en 2025 y una mención de honor en el prestigioso  Premio Ventosa-Arrufat/Fundación Elena Poniatowska  2024.

 Narrada en tercera persona a través de los recuerdos del fotorreportero Santiago Becerril, la historia inicia en 2019 cuando Santiago, después de cubrir un evento religioso en las Colinas de Santa Fe, evoca el encuentro que tuvo cuatro años antes con su amiga y mentora, la periodista Amanda González ––alter de ego de la veracruzana Regina Martínez–– horas antes de que Amanda sea ultimada en su residencia.

 En la terraza del bar Regis, entre cervezas, menyules, sones jarochos y tortas de lomo ahumado, Amanda le pide ayuda a Santiago: está inmersa en una investigación sobre la corrupción del gobierno en turno, tiene el testimonio de un sobreviviente y los resultados apuntan hacia Rafael Morelet, Secretario de Seguridad, un hampón que desde su puesto controla una treintena de empresas en el estado y se encarga de silenciar a cualquier enemigo del gobierno.

 “Tienen cocodrilos mascotas en la Academia de Policía, Santi”, dice Amanda, nerviosa, sin dejar de beber. «La clave es Morelet, su Academia y dónde están dejando los cuerpos, dónde está toda esa gente. Si podríamos seguir el rastro…», insiste.

 Santiago palidece. No quiere involucrarse. Debe cuidar a su madre enferma, reconciliarse con la novia, conservar su puesto en el periódico. ¿Lo peor? Aún no se responde del terrible crimen de Julio Valdivia, su colega que apareció decapitado en el puerto por haber publicado notas con fotos de las narcomantas que justo Santiago había tomado.

 Y aunque en ese momento su respuesta es negativa, el artero asesinato de su maestra lo obligará a continuar la investigación a costa de arriesgar su propia vida.

Cocodrilos , que según su autora “nació de la necesidad de rescatar y resignificar testimonios y sucesos de Veracruz en un período determinado”, no es una historia complaciente; es un relato de denuncia, una novela dura que utiliza los mecanismos de la ficción para exponer las corruptelas, contubernios con el narco y desapariciones forzadas en Veracruz, entidad federativa que ostenta el nada honorable puesto del primer lugar en muertes y desapariciones de periodistas en México.

 Y para seducir al lector, Magaly Velasco esgrime en Cocodrilos las técnicas del relato policiaco, tan en boga entre los lectores de hoy: un crimen significativo, un investigador memorable y una historia que avanza a medida que surgen nuevas pistas. Concuerdo con Eduardo Antonio Parra cuando afirma en la contraportada que “gracias a la honda realidad de sus personajes ya su prosa rápida y precisa, Cocodrilos consigue mantenernos hipnotizados en sus páginas hasta el final de la lectura”.

«No se mata la verdad matando periodistas. ¿Por qué asesinaron a la periodista Amanda González Quiñones?» Esa es la frase que sobresale en el desplegado que publica al cabo Santiago Becerril en las páginas de la revista imaginaria Sumarios ––trasunto de Proceso ––, según se cuenta en los capítulos finales del libro. Y al leerla, uno no puede dejar de pensar en los asesinatos verdaderos de la periodista Regina Martínez en 2012 y del fotoperiodista Rubén Espinoza Becerril en 2015, ambos colaboradores de Proceso .

  ¿Qué tan delgada es la línea que divide la ficción de la realidad?

 ¿Es Cocodrilos una ficción sazonada con realidad o viceversa?

Como sea que fuera, Cocodrilos resulta al final un libro apasionante que transporta y persigue al lector. Una novela ambiciosa que se consolida a su autora como una de las mejores escritoras del género negro en México.

 

Texto publicado en la revista Literal Magazine el 13 de enero del 2026

Enlace: Cocodrilos, una ficción sazonada con realidad – Literal Magazine

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