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Leí La Joroba de la Bestia (Ediciones B, 2018) de un tirón. La historia de Chema, el ingeniero que tiene bajo su responsabilidad la edificación de un lujoso resort turístico en la emblemática Isla Tiburón, me mantuvo atrapado de principio a fin. Empecé a las nueve de la mañana de un domingo y no paré hasta terminar, poco antes del mediodía. Por momentos, sentía como si estuviera frente al televisor mirando una de esas adictivas series de Netflix, en las que el suspense se maneja con tal maestría que uno acaba por no despegarse de la pantalla sino hasta finalizar el último capítulo.

Definida por su autor, César Gándara (Sonora, 1971) como una narración de “suspenso sobrenatural con tintes políticos”, La Joroba de la Bestia es una historia que ejemplifica muy bien el impacto que produce el choque de dos culturas cuando la más poderosa no toma en cuenta las tradiciones de la otra. Es también una novela que, a pesar de no estar basada en hechos reales, nos hace pensar que, merced a la ambición de algún empresario coludido con los gobernantes en turno, en cualquier momento lo que aquí se cuenta podría ocurrir, aniquilando para siempre el hábitat de esta isla, la más grande de México y que actualmente es un área natural protegida donde habita el pueblo seri.

Lo prehispánico versus lo occidental, dos cosmovisiones opuestas sin posibilidad de reconciliación, hecho que el autor ejemplifica muy bien cuando el protagonista, quien no es una mala persona, pero necesita conservar su trabajo y quedar bien con sus jefes para avanzar en el organigrama de su corporativo, intenta convencer al líder de los seris de sus buenas intenciones:

“Queremos que se integren a esta avanzada de progreso, estamos buscando renovar todas sus embarcaciones y que continúen con su pesca. La empresa está buscando distribuidores para que les compren su producto y vamos a contratar a todo el que quiera trabajar con nosotros ganando más del doble de lo que gana cualquier empleado de la zona. Estamos pensando en un plan de reubicación y, si ustedes aceptan, construirles nuevas chozas con materiales de la zona”.

Para darle mayor verosimilitud a sus personajes, César Gándara sazona el argumento con frecuentes referencias a la complicada vida personal del personaje principal: su divorcio, su adicción a la cocaína, la relación amorosa con su secretaria. Chema es un hombre complejo, contradictorio y débil que no acierta a actuar conforme a sus principios. Quiere regresar con su mujer para darle un hogar estable a su hija, pero no evita acostarse con su asistente. Promete a los seris que la organización que representa respetará sus lugares sagrados, pero ordena que dinamiten la cueva que resguarda pinturas rupestres. Se jura a sí mismo que no volverá a recaer en la droga, pero se mete líneas de coca apenas se las ofrecen. Promete que será un buen padre y que asistirá a los bailables de su hija, pero se deja llevar por los acontecimientos de última hora.

“Somos una sociedad que rinde culto al dinero y todo lo demás es moneda de cambio”, apunta César Gándara en una entrevista reciente a propósito de su novela. Y conforme uno va adentrándose en la poderosa trama de La Joroba de la Bestia, entiende el porqué de esta afirmación, pues desde el soberbio inversionista que no tiene la más mínima conciencia ecológica hasta el ambicioso político interesado en una candidatura, pasando por el propio Chema que ansía convertirse en director general de la corporación para la cual trabaja, a todos los mueve el dinero.

Hay que reconocer que la aparición de una presencia extraña y sobrenatural que cobra vida en forma de lechuza, dota a la novela de un aura de misterio que seduce al lector y lo hace pensar en una de esas películas de horror donde la hechicería juega un papel fundamental.

“Una garra se enreda en su cuello, como una boa inmensa, dentada, que le va desgarrando los músculos. El guardia jala del gatillo, una, dos, tres veces, mientras va perdiendo las fuerzas y deja caer su arma. Los ojos saltones, los labios hinchados y la falta de oxígeno lo hacen alucinar. Una lechuza enorme se encuentra frente a él, lo observa, busca el alma del guardia en el brillo de sus pupilas, y sin pensarlo mucho comienza a devorar sus ojos a picotazos.”

   La Joroba de la Bestia es una novela que podría adaptarse con mucha facilidad a una serie o película. El ritmo de la narración parece haberse hecho ex profeso para el cine. Capítulos cortos y categóricos que plantean una sola acción pero que dejan la puerta abierta para el siguiente. Impactante y contemporánea, en algunos momentos hace pensar en Joseph Conrad porque la naturaleza juega aquí un papel fundamental.

“El bote avanza dibujando una estela de agua calma. Las olas van y vienen con un ritmo cadencioso y todo se revuelve dentro de ti. Tus manos tiemblan. Un gajo de sol aparece en el horizonte y el mar se va cubriendo de una película dorada”

Con una habilidad que solo habita en un buen cuentista, César Gándara maneja los hilos de su historia a su conveniencia, juega acertadamente con dos voces narrativas y prepara al lector para un desenlace funesto, pero no moralizante, que nos obliga a reflexionar y a mirar una realidad que, de no ser por sus letras, probablemente jamás hubiéramos conocido.