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Muerte, palabra que quema los labios para los habitantes de Nueva York, París y Londres, apunta Octavio Paz en el ensayo Todos Santos, Día de Muertos, de su libro El Laberinto de la Soledad. En contraste, continúa el poeta, “el mexicano la frecuenta, la burla, la acaricia, duerme con ella, la festeja, es uno de sus juguetes favoritos y su amor más permanente”. (En los primeros días de noviembre, casualmente, abundan en la península de Yucatán evidencias de la fervorosa continuidad de los ritos funerarios precolombinos, como los de Janal Pixán).

Las veinte litografías de la colección La vida no vale nada, de Gonzalo Rocha, sostienen lo anterior, en blanco y negro, y color. En esta festiva recreación de las calaveras del célebre grabador José Guadalupe Posada, Rocha suma su propio espíritu irreverente y provocador al del artista aguascalentense.

La crítica ha reconocido que el trabajo de Posada, aunque fue creado para efectos publicitarios en la industria editorial, ha trascendido el tiempo y el espacio, otorgando identidad a los mexicanos. Por su parte, en las litografías de Rocha, la mayoría de formato mediano, hay además reminiscencias de Pablo Picasso, Rufino Tamayo y Roy Fox Lichtenstein.

El humor negro signa el diálogo entre las obras de Posada y de Rocha, a través de la interpretación sarcástica de la vida y las costumbres sociales, donde la muerte se erige democrática, ya que lo mismo atiende a obreros, empresarios, políticos, sicarios o campesinos. “Güera, morena, rica o pobre, toda la gente acaba siendo calavera”, aseguraba Posada, a quien se deja ver con largo bigote en tres imágenes de esta exposición: compartiendo con la calaca un divertido paseo en bicicleta, dándole un cálido abrazo y plantándole un sensual beso. (De paseo a la muerteEl novio de la muerte y El beso, respectivamente).

La elegante Garbancera de sonrisa descarnada, esa que Diego Rivera bautizara como La Catrina, es en el siglo XXI modelo de desfiles internacionales de alta costura, protagonista en películas de Walt Disney, estrella en videos de música pop y fecunda motivación en esta exposición de Gonzalo Rocha.

Si Posada tuviera oportunidad de regresar del inframundo y gozar de estas imágenes que acompañan una veintena de las suyas, estoy cierto que se daría un quien vive con Rocha, el caricaturista y grabador contemporáneo que, con ingenio y sobrada destreza, es quien mejor comprende, reinventa y recrea su obra.

 

Texto publicado en La Jornada Maya el 27 de octubre de 2021