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A GUISA DE PRÓLOGO

I

Sin la ortodoxia de un prólogo, hago esta cita que creo puede ayudarnos a determinar por qué el ruiseñor aún gorjea con su calidad y carisma desde hace un siglo. No será textual.

Narro: Un poema de Emilio “Chispas “Padrón. Por mal entendido se rompe su noviazgo, hiere profundamente a la prometida, desde luego avivada no con las buenas intenciones de comunicativas damas.

En ese tiempo el joven Augusto Cárdenas Pinelo había retornado a Mérida sin soslayar su empecinamiento de ser músico, a lo que se oponía la casa paterna que deseaba un mejor porvenir para su vástago. Con sus cantos rompía los corazones de las muchachas y su fama subía como espuma en la capital yucateca.

Su amigo Padrón, pidió al bohemio trovador musicalizar un poema inspirado por aquella desavenencia, esperando no sucediera como con aquella mitológica manzana que otorgó Paris para definir a la más bella de las diosas y generó la discordia que culminó con la destrucción de Troya. Aun con el riesgo, Guty aceptó.

Deberían llevar la composición en una serenata hasta la vivienda de la dañada dama, pero ella se encontraba en Chelem, adonde fue enviada por sus padres para sobrellevar el duelo, según aquellas costumbres.

No era fácil, entonces, el acceso a ese puerto, pero los románticos jóvenes se las ingeniaron.

La voz y la música, unidas al poema, suavizaron el corazón ofendido de la bella mujer. Y nuestro autor de esta noche, Don Carlos Martín Briceño, puso un poético aderezo metafórico a esa escena, algo así como: El coro al vaivén del oleaje armonizaba bien y la bendición de una luna llena dio la escenografía perfecta bañando con plata los hermosos palmares y la espuma de las ondulaciones en las aguas.

La dama y Padrón llegaron al altar.

CHARLA LITERARIA

II

Por la gentil invitación de la alcaldesa de mi querida tierra de nacimiento, cuna de mis ancestros y de maravillosos días infantiles y juveniles, asistí a un evento cultural en el que un autor yucateco, magnífico, por cierto, quien como moderno juglar trajo su armonía literaria ante paisanos reunidos en la Casa de Cultura, a través de una novela histórica. Se agradece la deferencia.

Yendo al encuentro del miércoles 27 de octubre percibo una típica noche otoñal, melancólica en su ambiente previo a los días de finados, como llamamos por acá. Vientecillo fresco en la calle, olor a humo de leña que surge con la preparación de manjares vernáculos que serán ofrendas para colocar altares de los difuntos, algo así como cuando se vacía el santo olor de la panadería en La Suave Patria. Veo la hora, pero no escucho, como ataño, caer como centavos las siete campanadas del provincial reloj en vela como también describía López Velarde hace cien años. Miro a ese representante de Cronos que aparece como un cíclope gigante y es vigía de nuestro parque principal. Son percepciones de lejana infancia. Hay, además, una luna que mengua.

Acudimos a una charla literaria en un marco de arcadas en el patio central de antigua y aristocrática casona porfiriana del ámbito local, luego sede de nuestra más tradicional escuela primaria y hoy albergue de formación cultural extraescolar para los espiteños amantes de las artes.

El título de la obra que se anunció resulta ad hoc: La Muerte del Ruiseñor. Se narra con fina pluma, exquisitez en la construcción de cada apartado literario. Prosa precisa que nos permite atraparnos en la lectura con la consciencia operativa de otorgar, por momentos, la narración omnisciente, otras en su yo narrador y también la difícil segunda persona, eso hace más ágil el leer, pero sólo los buenos escritores pueden realizar ese manejo sin generar confusiones en sus lectores.

El tema: la muerte de Guty Cárdenas, excelso compositor yucateco que alcanzó fama internacional de primera línea acorde a la masificación en ciernes de la música grabada.

Una obra con contenidos históricos y autorreferenciales que el autor convierte en ficción, como en una charla expresó un amigo.

LA NOVELA HISTÓRICA EN LA LITERATURA

III

Se presenta en una novela histórica y, novela e historia siempre resultan ambiguas. El novelista es un creador que narra en su obra los hechos que construyó.

El historiador investiga y, cuando lo hace de la tradición oral, busca las evidencias para corroborar. Analiza, razona, se vuelve semiótico hasta llegar a la exégesis. Luego plasma su interpretación en la obra. No crea ficción, hacerlo le quitaría lo científico.

El novelista histórico también recibe influencias de diferentes índoles de sensibilidad, pero las rehace y otorga a través de diferentes personas y tiempos verbales su narración.

Seguro estoy que el autor que esta noche con gentileza nos visita tuvo la inspiración de Clío para investigar el suceso y hace embarcarnos en una intriga histórica y nos atrapa con su variada narración.

Sus escenarios o ambientes físicos resultan notables en la reconstrucción literaria. Resultó vital esa investigación para la novela.

El ambiente psicológico es colorido, agitado, apasionado, conflictivo y dramático. El joven de clase media alta de la provincia mexicana llega al mundo del espectáculo, al de la vida histriónica y desmesurada.

Es un suceso del pasado, pero que aún vemos entre gente destacada del mundo de la política, de los deportes y, por supuesto de la farándula. Y se vio desde antes, en remota antigüedad.

Resulta obvio que es más popular y, por lo tanto, atractivo, leer una novela histórica que un sesudo estudio de esa ciencia social, desde luego cuando se trata de lectores no historiadores que buscan en la lectura el placer de leer. Para académicos de la historia puede tratarse sólo de varias vivencias de existencia sentimental ampliada.

Sin duda que la novela histórica nos invita a convivir con los personajes, a ver sus penas y sus triunfos. Es cierto, no podemos confiar en la exactitud de los datos, pero lo que importa es la verosimilitud creativa. El novelista, al distribuir bien lo investigado para su narración, nos ofrece una visión muy próxima al reconstruir los hechos con mucha vivacidad. Sucede cuando la novela es buena y, La Muerte del Ruiseñor lo es, y por mucho.

Carlos García Gual describe en un epígrafe de su texto La Antigüedad Novelada y La Ficción Histórica (FCE, 1995) acerca de la novela histórica que los habitantes de Pompeya se distinguían por los brillantes colores y fantásticos diseños en sus decoraciones.

Cuando el jardín era pequeño se coloreaban las paredes para hacer engañosas sus dimensiones ante las perspectivas. Creaban así una falsa ilusión. Plinio -dice el autor que con pedantería- expresaba que se sentía orgulloso de tan despreciable recurso.

Sin duda se trataba del arte y lo sigue siendo. La novela histórica es una bella expresión en el arte literario.

UNA CLÁSICA TRAGEDIA

IV

Vida segada en la plenitud. Los yucatecos del ayer no lo olvidaban y por ellos supimos de esa tragedia. ¿Rivalidades entre compositores destacados? ¿Líos de faldas? ¿Exceso de licor entre parroquianos “malacopa”? Incluso situaciones ideológicas desde la Madre Patria, se dijo; y expreso así esto último, aunque ahora por razones de exacerbación nacionalista suene a una herejía hacerlo de esta forma. Cuestión de costumbres.

Carlos Martín Briceño, valiosa pluma de renovada generación de escritores yucatecos que puede tener mayor resonancia nacional, trata de dilucidar aquellas inquietudes del hecho violento que enlutó al mundo de la trova, más aún en Yucatán y en particular el de nuestros abuelos. Realiza una minuciosa investigación, la vivifica tanto en sus narraciones que hace sentir estar presente.

Guty Cárdenas, el joven que realizó estudios en prestigiadas instituciones foráneas, retornó a la Mérida con sabor de provincia, atraído por ese regionalismo que los yucatecos desarrollamos porque está en los genes que recibimos y transmitimos a nuestra prole; volvió para encantar con su música, a la que incorporaba la creación de los vates locales y cantarlas en los alféizares de las ventanas para fascinar a las damas, que desde sus hamacas despertaban estremecidas ante las saetas amorosas de un madrugador y bohemio ruiseñor.

Llegaron los huaches, -dicho sin mala connotación, lo expreso como cuando la niñez referíamos a los primos y amigos que nos visitaban, sin ningún tono despectivo, algo así como un gentilicio- durante una gira presidencial y hubo una noche bohemia yucateca con prestigiados músicos del ámbito nacional que conocieron a Guty e invitaron a la Capital, porque igual que hoy es el centro neurálgico para triunfar, más aún en el mundo de las artes. Y Guty lo logró siendo muy joven.

La juventud favorecida por la fortuna lo hizo un triunfador, siempre figura espectacular por sus composiciones que abrieron el espacio que aún conserva la trova yucateca; pero como en una tragedia griega es víctima de su desmesura, lo que, en apariencia para muchos era su buena suerte y, sin duda, su gran calidad, le resultó fatal. La bohemia, entre los humos del triunfo siempre lleva el rocío de espirituosas bebidas y, éstas, al consumirse en forma consuetudinaria conducen a la más grande de las catástrofes: la muerte. Sí, La Muerte del Ruiseñor, como bien se titula la muy buena obra de nuestro distinguido visitante en esta noche de octubre a la tierra que otrora irradió por su vida de letras y teatro.

Mucho dijo para mis conclusiones de interpretación, el pasaje donde don Carlos narra la despedida de La Habana después de una noche de francachela en una cantina situada en el malecón, con la compañía, nada más ni nada menos, que del poeta Nicolás Guillén. Noche bohemia, sin duda habrá sido. Guty tuvo que abordar el vapor cuando ya zarpaba, fue a insistencia de algunos de los acompañantes.

Lizbeth, mi esposa, me obsequió para el cumpleaños anterior a la pandemia, un lote de libros. Así fue como se me dio la oportunidad de leer esta agradable obra que tanto me gustó y como tal platiqué al amigo escritor José Juan Cervera. Hoy tuve el gusto de conocer a su autor y le agradezco visitar a mi tierra para que los paisanos escuchen de su propia voz las características de esta composición literaria.

Don Carlos Martín Briceño, hombre de letras. En él se trasciende porque se deja constancia de la calidad artística; como el compositor de marras de quien aún se escucha su canto, quien incluso ya muerto, vive en su obra y abona en ello un hecho que suscita compasión: su muerte en plenitud de vida. Como toda tragedia, según La Poética de Aristóteles donde expuso las características de este género. De su comedia aún se busca en monasterios como en la excelsa obra de Umberto Eco, El Nombre de la Rosa.

 

Texto leído por el Sr José Antonio Gutiérrez Triay, la noche del 27 de octubre durante la presentación de la novela La muerte del Ruiseñor, en la Casa de la Cultura de la villa de Espita, Yucatán

Publicado en el Unicornio, suplemento dominical cultural del periódico Por Esto!, el 9 de enero del 2022