Comparte el artículo

Conocí a Zoraida Vásquez Beveraggi primero como radioescucha de Negra Noche, ¿qué tenemos de africano?, el programa que ella comandaba, transmitido durante dieciséis años por Radio Universidad en Mérida, era uno de mis favoritos.

Sin haberla visto nunca, me la imaginaba como una mujer decidida, libre y versátil, orgullosa de su tierra natal y de sus viajes, pero enamorada perdidamente de México. Más tarde, por nuestro mutuo amor a las letras, coincidimos en unas charlas literarias donde pude, por fin, ponerle cuerpo y rostro a aquella voz de inconfundible acento argentino que me transportaba, domingo a domingo, a la música, costumbres y tradiciones que los latinos hemos heredado del continente negro.

Entonces ignoraba que con el correr del tiempo Zoraida y yo, junto con un grupo de talentosos y tenaces narradores, íbamos a formar un taller literario en el cual nos dedicaríamos a desmenuzar y analizar nuestros textos con el afán de acercarlos a la perfección que exige la literatura.

Siempre supe que los relatos que Zoraida escribió durante esos años, una vez agrupados, armarían un gran libro. Y que constituirían, a su vez, una especie de autobiografía, un delicioso viaje cronológico por la vida de su autora, cumpliendo, tal vez sin proponérselo, con aquella máxima que escribiera Milán Kundera en las páginas de su novela La insoportable levedad del ser: “¿Acaso no es cierto que el escritor no puede hablar más que de sí mismo?”

Paraná, Birmingham, París, Maputo, Ciudad de México, Buenos aires, La Habana, Mérida, Isla Holbox. A través de veintiséis historias que transcurren en diversas épocas y distintas geografías del planeta, Zoraida nos convida a subirnos al tobogán de sus letras para regalarnos un paseo lingüístico desde la ausencia, porque hay que decirlo, casi todas estas crónicas fueron concebidas fuera de su amada Argentina, es decir, bajo la óptica del exilio.

Una niña nerviosa que mordisquea el vetusto abanico de su bisabuela, una madre preocupada porque debe explicar a la hija pequeña las razones de un travestí que camina por el barrio parisino de Pigalle, la frustración de una joven que trunca su utopía revolucionaria en Maputo, una pareja que viaja a la paradisiaca isla de Holbox para intentar recuperar el amor perdido, la tensión suscitada por el extravío momentáneo del hijo, un asalto a plena luz del día en un taxi en la Ciudad de México, un chofer instruido y seductor que parece saberlo todo…, anécdotas que se convierten en literatura porque,  a pesar de su brevedad, son capaces de penetrar y revelar interioridades humanas.

Prosa fina, salpicada con soberbia imaginación, es la que Zoraida nos entrega en …desde la ausencia (Editorial Ana, Argentina 2021), siendo uno de sus principales atractivos la sorpresa, el juego inesperado, la vuelta de tuerca que obliga a sonreír o a condolernos de la protagonista, pero sobre todo a pensar, porque la buena literatura es aquella que tiene la misión de revelarnos cómo es el mundo, y con ello, producir un cambio en la psique del lector.

Zoraida Vásquez Beveraggi, que gracias a sus libros infantiles ya contaba con credenciales suficientes para ocupar un lugar importante en el universo de las letras, demuestra con estas rolling stories, -como ella misma las calificó alguna vez en el taller de los miércoles- madurez e inteligencia en el oficio narrativo, algo que sólo es dable a autores con mucha pericia creadora, preocupados por seguir adelante y saldar cuentas pendientes con la escritura. A ese linaje, no me cabe la menor duda, pertenece Zoraida Vásquez Beveraggi.