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Mérida y su lado más violento es retratado en cinco cuentos negros | Juan Manuel Contreras

Para el escritor yucateco, Carlos Martín Briceño, el ser humano se compone de desgracias

El literato, miembro del Sistema Nacional de Creadores, presentará esta obra el próximo viernes 25 de septiembre -de forma virtual- en el marco del quinto Encuentro de novela Negra de San Luis Potosí junto a Fernanda Melchor; y el primero de octubre como parte de la Feria Internacional del Libro de Yucatán (Filey) con sus colegas Mauricio Carrera y Mateo Peraza Villamil.

“Toda felicidad nos cuesta muertos” comienza con la narrativa titulada “Moctezuma’s Revenge”, pieza que ha sido galardonada y en la cual aborda el tema de la venganza mediante el asesinato. Le sigue “Hombres de bien”, un relato basado en casos reales de abuso sexual en una escuela primaria de Mérida que aborda con tintes ficcionales.

También figura su pieza “Los Mártires del Freeway”, un extinto club nocturno- que retrata un asesino en serie enfocado en sexoservidores; “Cibercafé”, basado en los crímenes ocurridos en uno de estos negocios de la colonia México hace 14 años; y “El caso Montelongo”, cuento en el que una reportera emprende la búsqueda de un asesino en bares meridanos que ya no existen.

“Trepidantes, violentos y atractivos” es como Martín Briceño describe sus narraciones, cuyo común denominador -y razón para tildarlos de cuentos negros- radica en los hechos de sangre, que, pese a no tratarse de su vertiente favorita, esto no ha impedido que su audiencia halle cierto sex appeal en esos textos.

En un café situado al norte de la capital yucateca tuvimos la oportunidad de platicar con el artista y que compartiera más detalles de su pieza más reciente, así como sus perspectivas con respecto a la literatura, el periodismo; y la delgada línea que divide a estas dos expresiones humanas tan imprescindibles.

¿Se puede decir que “Toda felicidad nos cuesta muertos” es una investigación hemerográfica? Sí, porque se basa en hechos reales. Desafortunadamente siempre se ha dicho que la realidad supera la ficción, y es cierto. Por ejemplo, (Andrés Manuel) López Obrador no habla del número de muertes (violentas) que hay en el país, y tampoco dice que esta cifra no ha disminuido en absoluto.

La cantidad de muertes violentas que continúa habiendo en México es espantosa, y ni el PRI, ni el PAN, ni Morena han podido acabar con esta secuela de crímenes. Además, vivimos en uno de los países en donde menos se investiga el asesinato, el 90 por ciento de estos delitos quedan impunes.

Es una invitación a delinquir, a matar, y también un caldo riquísimo para la literatura. Los escritores tomamos estas situaciones y las acercamos al lector.

A pesar de no mencionar que los cuentos acontecen en Mérida, esto está implícito. La ciudad más segura del país, dicen.

En realidad, sí es una ciudad segura, pero emocionalmente insegura. El sureste -Yucatán, Campeche y Quintana Roo- alberga el mayor número de suicidios, según las estadísticas y uno tendría que preguntarse por qué sucede. Cuando comparamos el número de muertes violentas del norte o centro del país, con el número de suicidios, incluso superamos el promedio de muertes “violentas”.

El prólogo de la obra (de la pluma de Mauricio Carrera) reza: “el crimen es un pretexto para la literatura”, ¿qué puede comentar al respecto?

Por supuesto que lo es. Recuerdo que la novela A Sangre Fría -de Truman Capote- me impactó mucho por la manera en la que el autor hace de un abominable crimen, una gran novela. Lo mismo con Vicente Leñero.

Creo que es importante para la gente conocer estos actos a través de una novela, porque humanizamos el caso, al asesino; y dejamos de verlo como algo lejano. Ayuda a comprender que es algo que puede sucederle a cualquiera.

¿Cómo no caer en el sensacionalismo al narrar estos eventos? La literatura per se tiene que provocar placer, emoción y belleza. Aunque estés narrando algo terrible, es tarea del autor que el lector no te abandone. Yo comparo un poco el narrar casos tan terribles, como narrar erotismo. Hay una diferencia enorme entre el erotismo y la pornografía. Lo mismo debe suceder cuando se narra un crimen, se debe plasmar de tal forma que al lector no le produzca repulsión, o si se la produce, que esta sea “literaria”.

En ese sentido, ¿qué busca provocar en sus lectores? La literatura, en primera instancia, debe ser divertida. No divertir en el plano de reírse a carcajadas, sino tiene que propiciar un rato agradable. Ese es su principio: dedicarle tiempo como al cine; la televisión o al internet. Debe seducir.

También tiene que hacerlos pensar, y creo que a través de estos cuentos que escribí, la gente va a pensar y reflexionar, no de una manera burda como si se tratara de un libro de superación personal, sino de una forma introspectiva y mucho más profunda.

Si uno comprende los motivos del criminal del cibercafé, por ejemplo, entiende entonces que la sociedad está enferma, porque este hombre no asesinó de un día para otro, sino fue algo producido por una vida deprimente y que culmina con un asesinato, del que -en este caso- todos somos culpables.

Entre el periodismo y la literatura hay un límite que parece difuminarse.

Un buen periodista tiene que ser un literato. Sucede que, en los últimos años, la rapidez y proliferación de las redes han causado que los periodistas se vuelvan simplemente transcriptores de noticias que les llegan a través de las agencias.

La labor del periodista es tan importante como la de un literato, si el primero tuviera el tiempo y la voluntad de hacer literatura. Gabriel García Márquez y Ryszard Kapuściński son ejemplos de esto. Es deber del periodista el construir una nota con tintes literarios, los cuales siempre son agradecidos por el lector.

Regresando a la obra, ¿cómo ha sido su proceso creativo? A mí se me dificulta inventar cosas, soy un escritor que no puede sacar completamente de la ficción sus letras. Admiro mucho a los creadores que inventan mundos, como J. R. R. Tolkien. Yo escucho, veo, analizo, me cuentan algo, o vivo algo; y escribo.

Por ejemplo, “Moctezuma’s Revenge”, el primer cuento de la obra, es un caso de ficción basado en vivencias reales. El narrador soy yo contando una relación enfermiza que tuve hace muchos años con una extranjera.

Cuando la terminé quería matarla, pero no en realidad, sino emocional y literariamente. Necesitaba escribir una historia para sacar todo el odio que le tengo a esa mujer que fue mi pareja. Lo hice y me tomé la libertad de que culmine con un crimen. La literatura que tiene bases reales se acerca más al lector, que aquella que es absolutamente ficción.

Texto publicado originalmente en el periódico La Jornada Maya en su edición del 20 de septiembre del 2020

¿La literatura es una especie de válvula de escape? Por supuesto, la literatura es un sicoanálisis gratuito. Mucha gente que acude a mis talleres para escribir, aunque no me lo digan, yo noto que tienen problemas familiares o emocionales, y conforme pasan los meses y narran sus vivencias a manera de cuentos o novelas, se puede notar un cambio en su semblante al observar las cosas con mayor claridad. No en balde los sicólogos, lo primero que piden a sus pacientes es que escriban sus sentimientos, y de eso es posible que surjan grandes novelas.

Llama la atención el título del libro, ¿qué tan cierto es que toda felicidad nos cueste muertos? Toda felicidad nos cuesta muertos, porque estoy convencido que cuando todo va bien, algo se debió haber pagado. La felicidad plena, en mi opinión, no existe. Los seres humanos estamos hechos de desgracias, el mundo se ha construido por revoluciones y venganzas de cuentas que se van ajustando, y quienes las paguen tienen el derecho a ser felices; quienes las carguen, no.

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