Cri-crí solicitó datos sobre un curso de poesía por correspondencia.
Pronto obtuvo respuesta, la información era amplísima: (…) Se le recomendaba el estilo
de poeta lírico, tipo quejumbrón, que es altamente apreciado por la sociedad más copetuda.
El curso comprendía: gimnasia de consonantes, malabarismo de versificación
y la copia disimulada de poemas ya conocidos
FRANCISCO GABILONDO SOLER     

Que los poetas viven en un mundo aparte y que muy pocos los escuchan, leen y atienden ha sido una queja constante de los bardos desde que el mundo es mundo. Para nadie es un secreto que en el universo del libro impreso, la poesía ocupa el último lugar en la mente de los editores.

“¿Poesía? No, por favor, ni se te ocurra. Tráeme, antes que nada, una buena novela…, policiaca o erótica, si fuera posible; alguna crónica de denuncia, un libro de entrevistas a gente famosa o, de perdido, algo de superación personal. Ah, y nada de cuentecitos. Esos nadie los lee. Son, como te diré, algo así como la poesía de la prosa.”

No obstante, hay poetas, como Balam Rodrigo (Villa de Comaltitlán, Soconusco, Chiapas, 1974), que no se amilanan ante tales comentarios, ni se duermen en sus laureles. Autor de una veintena de títulos y ganador de importantísimos premios como el Sor Juana Inés de la Cruz o el Jaime Sabines, este ex futbolista y biólogo por la UNAM presenta ahora un libro demoledor que exhibe a un autor belicoso, irreverente, capaz de reinventarse a sí mismo y hacer de la sorna uno de sus recursos más efectivos. Ya desde el inicio, desde el provocador título y la elección de sus acertados epígrafes, uno intuye que va a divertirse, a gozar de la lectura; algo que, de acuerdo a la melancólica visión de la inmensa mayoría de los bardos mexicanos, debería estar vetado en la República del verso.

Así, Balam, con la intención de atrapar al lector, abre la primera de las cinco secciones de este poemario –a la que ha titulado simplemente Poesías–, con una voraz y sarcástica descripción de varios tipos de poetas: el místico, el narcopoeta, el comprometido, el del pueblo, el experimental, el declamador, el marginal, el bohemio, el mundial, el alienígena, el académico…

El poeta experimental excusa su falta de conocimiento

Para escribir un solo verso claro, humano,

y esconde el dolor de su mediocridad

en el puro sinsentido de la pirotecnia

o en el gutural acto del fenómeno de circo

 

De él todos recuerdan únicamente el ruido,

el morbo y el escándalo del animal apoético

que ladra sin razón ante el público

y del que nadie recuerda

al menos una gota de poesía.

 

Imposible no imaginar a gente cercana ­-incluso querida-, con cada una de sus hilarantes descripciones. El propio Balam, dicho sea de paso, debido a los versos que nos regalará en las siguientes dos secciones, Pensamientos y Sobras, bien podría caber en alguna de sus propias clasificaciones.

En estos Pensamientos y Sobras, encontraremos quizá, al verdadero Balam, al poeta que, acaso sin proponérselo, homenajea y reinventa a sus predecesores. Ecos de Paz, de Novo, de Lizalde, de Villaurrutia, de Efraín Bartolomé, de Bañuelos y otros que seguramente el autor lee y admira, se cuelan en cada una de sus palabras:

Larva histeria. Larva agonía.

Deambular entre despojos humanos:

Humo sin manos.

Troncos podridos, erectos,

Pájaros amargos.

 

Cortaron mis raíces en un abrir y cerrar de alas.

(Sabia cicatriz. Savia diría. Sabiduría:

Honda y perfecta matriz)

Traigo piedras en el estómago.

Traigo hiedras. En esto, el mago.

Lloramos arena y nuestra simiente es de polvo.

Somos barro, arena, lodo.

Llanto del oro, lloramos azoro

y nuestro cuerpo desnudo,

antesis de la muerte, es llaga celeste.

 

Ahora bien, cuando parece que la calma ha llegado al poemario y que el huracán de ironía por fin se ha apagado, llegamos a la tercera sección, a los Pensamientos inútiles. Y aquí entendemos que estábamos varados en el ojo del ciclón, que aquella calma chicha era el anticipo de una violenta ráfaga de dolor por un país que se ahoga en sangre. Y son los descabezados, los ahorcados en los puentes peatonales y las cabezas en las hieleras, ese México violento con forma de horca, el pretexto para teñir de sangre las líneas del poeta:

No nos sorprende la barbarie

cuando leemos que aparecen

cabezas en hieleras,

envueltas en bolsas de plástico,

colgadas en puentes o dispuestas

como trofeos de guerra

en autos, aceras,

en bardas de casas

y escuelas.

 

Por fortuna, para no dejarnos varados en medio de esa angustia que destruye, Balam cierra el quinteto de sus Sobras… con sus Poesías útiles que incluyen un vergario que, además de ingenioso (sin ánimo de alburear a nadie), es una verdadera delicia:

¡Estás como la verga por la mañana:

ahí nomás paradota, sin hacer nada!

¡Sírvele ya sus enchiladas al joven…!

 

 

Alguna vez Agustín Monsreal, durante un taller literario, nos dijo a los asistentes que a los narradores nos haría bien leer más poesía, que los cuentistas, de vez en cuando, necesitábamos impregnarnos del ritmo y la fuerza del verso para expresar mejor las emociones de nuestros personajes. Si se trata de poemarios como este, llenos de la fuerza y la vitalidad de la palabra, bienvenidos sean.  Sobras reunidas, editado por Los Bastardos de la Uva, de Balam Rodrigo, hay que decirlo, es un poemario notable. No por casualidad Sergio González Rodríguez lo colocó en su lista de los mejores libros publicados en México en el 2016. Es un libro que contribuye a reconciliar a los lectores con la poesía contemporánea.

 

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