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Carlos Martín Briceño. Y corren los cuentos al amparo de la vasta piel.

Por Margarita Castro

(Publicado en la revista Trinchera. Política y cultura, de Guerrero)

 

Carlos Martín Briceño es un escritor de cuentos de prosa eficiente y poderosa.  El ritmo suyo, que raya en lo perfecto,  nos lleva por el mundo cerrado de sus historias que avanzan siguiendo una narrativa fluida que no se detiene ni se atora. Da la impresión de que una vez que ha empezado a escribir un relato, ni siquiera él mismo sería capaz de detenerlo.

Carlos nació en Yucatán, México, (1966), en donde se formó como escritor. Y recientemente Ficticia Editorial, en coedición con el CONACULTA, acaba de editarle una antología personal, De la vasta piel, que incluye una treintena de sus mejores cuentos, seleccionados por él mismo, en los que retrata a esa sexista sociedad clasemediera del sureste mexicano acostumbrada a vivir entre abusos solapados por la aparente normalidad de la vida cotidiana. Los cuentos giran en torno al erotismo poco convencional, a los desencuentros amorosos, a la sexualidad como un arma para dañar y dañarse, a la mezquindad del alma humana y a la venganza como medio de redención. Y a pesar de que el escritor hunde su pluma en la perversidad de la condición humana y en la corrupción del cuerpo y el alma, de pronto nos sorprende con toques de una nostalgia pura, enternecedora, casi infantil. De sus personajes se desprenden hilos de diferentes colores de los que, seguramente, se pudiera tirar aún más.

Frustración y vulnerabilidad marcan a los personajes en De la Vasta Piel. En cada una de las piezas, alguno termina fuertemente lastimado, como la obesa Catalina en El cuerno de la abundancia, la solterona Julia en Abismos, o el tierno adolescente anónimo protagonista de Los Fines de Semana. Otros se encuentran atrapados en matrimonios en debacle, en anhelos incumplidos, en el hastío de la cotidianeidad, en el manejo de una sexualidad que los sobrepasa. Pero sobre todo, en las limitaciones y mediocridades que aquejan sus almas y contagian la atmósfera.  ¿O es la atmósfera en que viven la que les envilece el alma?

En esta antología de Martín Briceño,  personaje y  atmósfera se suman y retroalimentan para fortalecer una peligrosa simbiosis que llega a fronteras en las que da la impresión de que algo tiene que estallar. Al enfrentarse con algunos de sus cuentos, el lector se preguntará si es el entorno el que arrastra al personaje, o el personaje el que contamina el aire a su alrededor. Esto sólo lo logra un escritor de gran talento. No en balde en el año 2012, con Montezuma´s revenge —cuento contenido en este volumen—, el autor obtuvo el Premio Internacional de cuento Max Aub que coronó una serie de premios recibidos con anterioridad.

Las historias de este libro se desarrollan en la paradisíacas, pero a veces peligrosas, playas del sureste mexicano, en hogares de clase media de la provincia en crecimiento, así como en una Habana detenida en el tiempo, o en China, en alguna de sus miles de fábricas. Los ojos del escritor, atraídos por lo sórdido, captan transgresiones,  situaciones límite que acontecen en ambientes familiares en los que deberíamos sentirnos seguros. Por eso inquietan la  mente del lector. Extraigo, como ejemplo, una escena de Montezuma´s revenge:

 «De vuelta, Paige se puso una enorme camiseta rosa, y se metió bajo las sábanas en posición fetal, lo suficientemente rígida como para darme a entender que ni se me ocurriera tocarla. No obstante me acosté desnudo a su lado, el corazón latiendo aprisa y una erección que apuntaba al cielo de El cielo.»

Diversas influencias se interpolan en el trabajo de Martín Briceño: de Raymond Carver en el corte realista, porque va al grano y no conoce tangente; de Rubem Fonseca, por esa búsqueda incesante por lo sórdido; de Antonio Tabuchi, por la nostálgica manera de contar; de Agustín Monsreal, por la manera en que selecciona cada palabra con la precisión y el respeto de una ofrenda literaria. Pero sobre todo, el autor se vale de una narrativa propia espejo de su personalidad perfeccionista, insomne, sin tregua.

En los cuentos de Martín Briceño no hay espacio para la bondad. Aunque, hay que decirlo, esto no debe preocupar al lector: de lo mismo se le acusó a Flaubert en el siglo XIX por causa de su Madame Bovary, novela que dejaría en evidencia algunas de las ilícitas actividades que avergonzaban a la sociedad francesa.

Resonancias profundas, múltiples ecos, identificaciones personales, encontrarán muchos lectores al avanzar en esta antología singular,  ya que en ella se reconocen las turbias dimensiones de la condición humana.

 

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