Shakira

Shakira y la salvaje urbanización

Mientras que en otras ciudades del mundo se aprueban leyes severas que castigan, con elevadas multas, a quienes corten o dañen los árboles, en Mérida, una de las urbes con las temperaturas más altas de la república, parecemos empecinados en acabar con estos pulmones de la ciudad,  hogar de infinidad de especies de pájaros de la región.

      En el afán de generar empleos y fomentar el desarrollo de la industria de la construcción, el Ayuntamiento aprueba con suma facilidad a las constructoras toda clase de desarrollos inmobiliarios, sin exigir que cumplan con los requerimientos mínimos de áreas verdes que prevalecen en cualquier metrópoli del primer mundo.

       Con solo darse una vuelta por las afueras de Mérida, uno se percata que los nuevos fraccionamientos se han convertido en agresivos micro cosmos de cemento donde se privilegia lo supuestamente “estético” por encima de lo práctico. Paredes de cristal, ventanas diminutas, domos, aires acondicionados, ausencia de árboles y placas de concreto son cosa común en estas casas construidas por una nueva generación de ingenieros y arquitectos que ignoran olímpicamente el calentamiento global.

        Lo peor de todo es que, aparte de la falta de respeto al medio ambiente por parte de los constructores, la mayor parte de los meridanos no parece echar mucho de menos los árboles. En casas de reciente construcción es raro encontrar plantas diferentes a las dóciles palmeras, pues con el pretexto de que los árboles rompen el suelo, “ensucian”, o de  plano, “no van” con los estilos arquitectónicos de hoy, cada vez menos personas se animan a sembrar en sus terrenos un naranjo, un mango, una jacaranda o una simple mata de ramón.

        Por otra parte, las pocas áreas verdes que existen en estas colonias nuevas, son todo, menos verdes. ¿A quién se le ocurre poner en Mérida un área de juegos infantiles sobre una especie de piso de hule oscuro que se recalienta con las altísimas temperaturas de la región?  ¿Por qué colocar “domos” para generar sombra en estos lugares en vez de sembrar árboles como antes? ¿Tenemos que aceptar sin chistar el mal gusto de estas poderosas compañías? ¿Por qué nuestras autoridades no solo aprueban, sino aplauden estas ocurrencias? Quien crea que vivimos en una ciudad amable con la naturaleza, que se fije cuantos árboles aparecen cada día trasquilados por la CFE, que ponga atención en los troncos mutilados que permanecen como vestigio del arbicidio que se perpetra día con día en la ciudad de la paz.

          Urbanización salvaje, así fue como llamó la semana pasada, Alfonso Iracheta Cenecorta, investigador del Colegio de México, a lo que  hoy acontece en la capital yucateca. Y lo hizo de frente a la alcaldesa, en el marco de una reunión de los integrantes del Centro Iberoamericano de Desarrollo Estratégico Urbano.

          De llevarse a cabo el concierto de Shakira en los ex terrenos de la Plancha, la arquitecta Angélica Araujo tendrá la oportunidad de demostrarnos, a quienes votamos por ella, su compromiso con la ecología. El espectáculo de la colombiana va a seguir causando polémica y va convocar a miles de fans el día del evento, de eso no cabe la menor duda, pero si al término del mismo, los meridanos heredamos -como ella a dicho – un parque con extensas áreas verdes, numerosos jardines de plantas endémicas, árboles frondosos, pistas para trotar, zonas de ciclistas y hasta una biblioteca, al estilo del Central park de Nueva York, estoy seguro que este ayuntamiento será recordado, no sólo por haber obsequiado unas horas de diversión a los ciudadanos, sino como una administración inteligente, comprometida con los problemas urbanos y ecológicos de la ciudad.

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